
Hoy llevo un día rarísimo, no se donde llevo la cabeza; sobre los hombros, eso parece, por lo que me refleja el ventanal del vagón del metro. Pero no se yo. Son las 7 de la tarde y voy de camino a casa; después de un día...rarísimo como iba diciendo.
Esta mañana, como cualquier otro miercoles, las sabanas me matenían cautiva es su poder y ne me dejaban partir. Tuve que pelear duro, muy duro contra ellas para poder zafarme.
Al salir de casa, ya a medio camino de la parada de tram, me doy cuenta de que me faltaba el móvil (ya sabemos que hoy en día no podemos vivir sin él; o al menos eso creemos). Vamos eso pensé por un segundo y tras mirar rápidamente en el bolso, como no lo ví, cambie de sentido y volví sobre mis pasos. En casa, busqué el dichoso aparato por todas partes y donde aparece el condenado? Pues esta claro, en mi bolso. Vendría el solito hasta allí??
Bueno, no hay tiempo para pensarlo y total que más da. Volví a retomar el no tan “golden path” hacia oz, ups quiero decir, hasta la parada de tram. El trayecto en tranvía sorprendentemente fue de lo más agradable. El número 4 no tardó mucho en llegar y pude encontrar un sitio libre donde reposar mis ya cansados huesos - y eso que el reloj apenas contaba las 8h15. Así iba yo esta manana, en el 4, bien relajada y escuchando música en mi MP3. Por cierto menudo repertorio, ni idea de como llegaron estos temas hasta él, seguirían al móvil en su cruzada esta manana???
Escuchar el vals d’Amelin mientras me perdía por las calles de esta bella ciudad, en un día frío, pero soleado, no tiene precio. Simplemente bello.
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